Brexit y Alimentación XIX: “wait and see”.

Disculpen la ausencia de actualizaciones sobre el asunto del Brexit. Los que estén siguiendo la situación política ya sabrán que todavía no hay nada claro. Quedan menos de 200 días para que se consume el Brexit, y nadie sabe qué pasará el día 30 de marzo del 2019. Por no saber, no sabemos si es mejor que nos pille en el Reino Unido o fuera de él.

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Junto aquí varias de las últimas noticias sobre el asunto, que ponen los pelos de punta.

La Cámara de Comercio Británica acaba de publicar un estudio sobre el grado de preparación de las empresas para el Brexit (es un estudio general, no exclusivo de las empresas alimentarias). El resultado es desolador. Dos terceras partes de las empresas no han preparado ningún plan de contingencia, ni analizado el impacto que tendrían en ellas los distintos escenarios. Muchas empresas, naturalmente, son muy pequeñas, pero de las de más de 250 empleados, el 25% no ha realizado este análisis. La presión en la gestión del día a día es indudable, además la incertidumbre hace mella en el gasto de los consumidores y repercute en la economía y se ponen las cosas difíciles para todos, pero parece irresponsable no tener previsto algo.

El principal problema es que los escenarios posibles son muy distintos entre sí, desde que no pase nada y nos quedemos en la Unión Europea, al periodo de transición, que nos quedemos en la Unión Aduanera, un acuerdo ad hoc, y finalmente, la ruptura total. Y aunque que nos quedemos en la Unión Aduanera o se llege en marzo a un acuerdo ad hoc parecen descartables, no creo que haya nadie que apueste seriamente por ninguna de las opciones.

El Brexit no solamente afecta a la confianza de los consumidores si no que tambíen a la de los empresarios. En caso de no haber acuerdo de salida, un 20% declaran que invetirán menos, y el contratar menos personal y valorar llevarse parte de la producción fuera del Reino Unido alcanzan niveles parecidos. En la encuesta que acaba de realizar el Instituto de la Cadena de Suministro a directivos de empresas británicas y europeas que envían productos a las islas, concluye el instituto que un 10% de los negocios que importan o exportan podrían irse a la quiebra si la nueva burocracia supone retrasos en las aduanas entre el Reino Unido y Europa de más de 10 minutos.

El gobierno ha emitido notas algo confusas sobre qué puede pasar los primeros días tras el Brexit. Si se suspenden los trámites aduaneros que han regido el paso de productos por las fronteras durante los últimos años es más que probable que haya retrasos, por lo que inmediatamente se empezó a hablar de acumular medicinas, alimentos básicos etc. Incluso el gobierno ha nombrado un Secretario de Estado para su Ministerio de Alimentación, el Sr. David Rutley (ex Asda y Pepsico) para tratar de preparar la acción del gobierno durante los primeros días tras el Brexit, y asegurar que no se produce desabastecimiento de alimentos en ninguna parte del país.

Las grandes empresas indudablemente están nerviosas, y junto a los anuncios de llevarse la producción fuera del país se empieza a hablar de la puesta en marca de los planes de contingencia, principalmente la acumulación de algunas materias primas para evitar tener que parar las fábricas tras el Brexit, como está haciendo Mondelez, o ha anunciado Aldi que está planificando la acción.

Mientras, la Federación de Industrias Alimentarias en el Reino Unido, la FDF, continúa pidiendo al gobierno claridad y una dirección. Dice que el Brexit está suponiendo un aumento de los precios de los alimentos primero por culpa de la devaluación de la moneda, y ahora por la reacción de las empresas a acumular materias primas para evitar parar y los problemas de importación que el propio gobierno prevee ocurran los primeros días tras el Brexit.

 

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La ola de calor afecta a la sección de frutas y hortalizas en UK.

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El Brexit y los efectos del cambio climático están poniendo el acento en la cuestión del origen de los alimentos que comemos en el Reino Unido.

El Reino Unido importa más del 90% de la fruta que consume, y el 40% de las hortalizas, y una gran parte del total de las importaciones proviene de países de la Unión Europea, por lo que el cambio en la relación va a afectar indudablemente al precio de estos productos y a los trámites necesarios para importarlos. Es por ello previsible que tras el Brexit los precios de estos productos aumenten.

Pero además los fenómenos metereológicos también están dejando huella en la sección de las frutas y hortalizas. El invierno del 2017 estuvo dominado por los problemas de abastecimiento de hortalizas desde España, y ahora este verano estamos sufriendo las consecuencias de la intensa ola de calor que ha vivido el país, que ha pasado prácticamente del invierno al verano con una primavera cortísima. La producción de muchas hortalizas y algunas frutas se está viendo afectada, mientras que en otros casos como las cerezas, el calor les beneficia y se ha obtenido una cosecha excelente.

El primer problema fue durante el final de la primavera. Las temperaturas inusualmente altas y la práctica ausencia de lluvia redujeron la cosecha prevista de los espárragos ingleses, y se detuvo el crecimiento de los guisantes, por culpa del calor. Además el calor ha favorecido el desarrollo de más plagas.

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Después llegó el turno a las lechugas, que tampoco podían crecer por el calor y la falta de lluvia, y se tuvieron que importar de otros países para lograr atender la demanda.

Ahora es el turno de los pepinos, con un número significativo de tiendas desabastecidas y los clientes quejándose en las redes sociales. El Reino Unido produce solamente un 30% de los pepinos que consume en esta época del año, y tiene que importar un gran volumen de Holanda, país que sufre en estos momentos escasez de pepinos.

Las consecuencias de la sequía y el calor van a sentirse durante muchos meses más, advienten los agricultores. Las zanahorias que se recogen en invierno, por ejemplo, no han recibido la lluvia necesaria, por lo que se espera que la cosecha sea un 40% menor de lo habitual, y el Reino Unido tenga que importar un producto para el que normalmente es casi autosuficiente.

 

Brexit: el gobierno advierte a la industria que deben estar preparados.

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La evolución de las negociaciones del Brexit es de todo menos predecible. Tras los últimos desarrollos sobre la propuesta del gobierno británico, las modificaciones que se hicieron en el Parlamento, y que la UE no vea adecuada la nueva propuesta, parece que nos precipitamos hacia un Brexit sin acuerdo, que abocaría al país a muchos cambios abruptos.

Por parte alimentaria, seguramente el cambio inmediato más significativo será el restablecer las aduanas, y establecer las tarifas de la OMC para los alimentos. Como no hay nada preparado (harán falta lugares físicos donde hacer las inspecciones, aparcamientos para los vehículos que esperen al paso fronterizo, etc) el gobierno ha decidido advertir a la industria alimentaria que tienen que hacer todo lo posible por minimizar la disrupcción que supondrá el cambio, sobre todo en las primeras semanas. Incluso aunque el Reino Unido decidiera no inspeccionar los productos que le llegan del continente, al otro lado habría controles, y las fronteras se colapsarían seguramente por la novedad. El Reino Unido importa el 40% de los alimentos que consume, y una parte muy significativa viene de la Unión Europea. La idea que han propuesto es que la industria empiece a acumular alimentos, de forma que si se produce el caos que se espera en las aduanas, no nos quedemos sin los productos más básicos.

Naturalmente, las respuestas de la patronal de los fabricantes y la de los distribuidores no se han hecho esperar: es ridículo. Acusan al gobierno de falta de diálogo sobre esta cuestión ya que ninguna empresa ni asociación ha conseguido tratar el tema con ellos, y de desconocimiento de cómo opera la industria, normalmente casi sin stock. Acumular producto significaría utilizar más liquidez, alquilar más almacenes, algunos refrigerados o en congelación, con el consiguiente aumento de los costes.

A pesar de esto, las cadenas y los fabricantes ya están empezando a prepararse para un Brexit abrupto. Ayer se hacía público que Aldi estaba trabajando con sus proveedores para analizar los posibles impactos y las medidas que podían tomar, y otras cadenas tratan de reforzar su aprovisionamiento de productos de fuera de la Unión Europea, unos flujos que piensan no se verán tan afectados como las importaciones de la UE.

Mientras tanto, seguimos sin saber a qué atenernos.

Calidad Diferenciada y Brexit: primeras noticias.

A pesar que estos días no hay grandes titulares sobre el Brexit (más allá de los disgustos que le da al gobierno la Cámara de los Lores) las negociaciones entre el Reino Unido y la Unión Europea continúan día a día. Tras los grandes acuerdos alcanzados a finales del año pasado y principios de este que definen a grandes trazos el escenario, ahora se están manteniendo reuniones para tratar las cuestiones técnicas una a una, que formarán parte del acuerdo de salida, del periodo de transición y si es posible, del acuerdo futuro de relación comercial.

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Hasta ahora no se había hablado del régimen de Calidad Diferenciada (DOP, IGP y ETG) y su posible futuro post Brexit, pero hace unos días hemos tenido novedades gracias a una intervención parlamentaria. Parece ser que en medio de estas negociaciones, la posición de partida del Reino Unido es el de solicitar a la Unión Europea que proteja en su territorio los productos de calidad diferenciada del Reino Unido, pero todavía no se sabe si va a haber reciprocidad.

El propio Reino Unido tiene 65 productos suscritos al reglamento de Calidad Diferenciada, del total de 1.400 que hay en la totalidad de la Unión Europea. El más popular sin duda es el Scotch Whisky pero también hay un buen número de quesos, productos cárnicos, etc. Recordemos tambíen que la legislación de la Unión Europea ampara también a productos de muchos otros países, como el té de Darjeeling, el café de Colombia, etc, que seguro que estarán siguiendo atentos el devenir del Brexit.

Vino Morrisons.JPGComo sea el acuerdo final es una cuestión importante. La negociación debe incluir qué se va a hacer durante el periodo de transición, y si hay acuerdo, cual va a ser el escenario post Brexit.  En este país los productos de calidad son apreciados, y los consumidores están dispuestos a pagar más por productos como el Champagne, el vino de Rioja, el Queso Gruyere, etc. Pero por otro lado, también hay mucha presión por firmar acuerdos de libre comercio con otros países que no observan la protección de estos productos, y estas protecciones podrían ser una barrera, por lo que las expectativas de futuros acuerdos con terceros países podrían tener tambíen una influencia determinante.

Una vez se consume la salida, el Reino Unido tendría que desarrollar su propia legislación para establecer qué productos pueden acogerse a la calidad diferenciada, y qué medidas va a tomar para proteger los suyos y los de otros países que se vendan en su territorio. Si hay acuerdo será algo consensuado con la Unión Europea, si no lo hay será lo que el Reino Unido quiera.

Acumular para evitar el caos del Brexit.

Curioso el artículo que aparecía en The Grocer la semana pasada, sobre los preparativos de las empresas para afrontar el Brexit.

El pasado lunes 19 de marzo se anunció la forma que tendría la relación Unión Europea / Reino Unido durante el periodo de transición del que se venía hablando como una posibilidad (desde que se acaba el plazo dado por el artículo 50 hasta la salida definitiva del Reino Unido de la Unión Europea, a finales de diciembre del año 2020). Gracias a este acuerdo, si finalmente entra en vigor en marzo del año que viene, las empresas tendrán  algo más de tiempo para prepararse porque se mantiene el mercado único, la unión de fronteras, y la gran mayoría de las relaciones establecidas entre el Reino Unido y la Unión.

Las empresas del sector alimentario dependen en buena medida de las importaciones desde la Unión Europea, y están muy preocupadas no solamente por la gestión de las fronteras en el escenario post Brexit, si no por cómo va a ser el día después, cuando los oficiales en las fronteras británicas tengan que poner en marcha las nuevas medidas que el Reino Unido habrá ido preparando durante el periodo de transición. Naturalmente, tratándose de alimentos, y además en muchos casos perecederos, la preocupación por no dejar las estanterías de las tiendas desabastecidas es elevada.

Y es para evitar el caos que se puede producir las empresas preparan planes de contingencia, y según ha sabido The Grocer, algunas empresas planean acumular todo lo que puedan, y así evitar importar en la medida de lo posible durante las primeras semanas del post Brexit. Al problema de las fechas de caducidad y que no se puede hacer con todos los alimentos (verduras y otros frescos) hay que añadir el impacto que tendrá acumular producto de forma extraordinaria en el cash flow de la empresa, y los costes del propio almacenamiento, ya sea a temperatura ambiente o congelado. Pero de esta forma evitarán desplazar camiones por las fronteras, algo que potencialmente puede ser caótico los primeros días de enero del 2021, hasta que todo esté normalizado y empresas y oficiales estén ya acostumbrados a los cambios.

Es una solución práctica pero costosa, a la que se verán abocadas algunas empresas que quieran reducir sus riesgos mientras no haya más certezas alrededor del Brexit.

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La Federación de Detallistas se imagina el escenario de las importaciones y exportaciones post Brexit como un laberinto prácticamente interminable.

5 al día: menos asequible por culpa del Brexit.

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Seguimos sin tener muchas cosas claras de la situación tras el Brexit, y un informe que acaba de publicar la Food Foundation analiza con detenimiento el impacto que tendría un Brexit sin acuerdo en los consumidores y el mercado de las frutas y hortalizas.

El titular es que las frutas y hortalizas se encarecerían, y las clases más desfavorecidas tendrían más problemas para alcanzar la cantidad recomendada de 5 al día, al subir los precios de los alimentos, y tener que gastar las familias más dinero en los supermercados.

Los ingleses no son grandes consumidores de frutas y hortalizas, y de media consumen 2,4 raciones al día. Tan solo un 8% de los jóvenes (de 11 a 18 años) llegan a los 5 al día, y un 27% de los adultos (hasta 64 años). Si el Reino Unido abandonara la Unión Europea sin acuerdo comecial, y tuvieran que establecerse aranceles para los productos que el país importa, según la Food Foundation, el gasto de las cinco porciones al día de frutas y hortalizas  pasaría de £37.58 por semana a £39.76 por semana.

Y es que los productos hortofrutícolas se ven afectados por varios frentes por el Brexit. El primero de los factores es la alta tasa de importación. Más del 83% de las frutas y más del 50% de las verduras y hortalizas que se consumen en el Reino Unido son de importación. La aplicación de aranceles, junto con la devaluación de la libra, comporta que los precios de estos productos suban en un escenario post Brexit sin acuero. Pero la producción local también se ve afectada, puesto que la mano de obra que en su mayoría trabaja en los campos es inmigrante, y en una parte significativa son ciudadanos de la Unión Europea. Ya está siendo difícil para los agricultores conseguir las cuadrillas suficientes para recoger la producción, y se espera que a medida que avanza el proceso de separación aun sea más difícil.

Por eso la fundación le pide al gobierno que por un lado asegure a los agricultores el acceso a los inmigrantes de otros países, para que se puedan recoger las cosechas, y trabajar para conseguir que el Reino Unido sea más autosuficiente y cultive más frutas y hortalizas.

Brexit y Alimentación XIV – Al sector agroalimentario ya le cuesta cubrir la oferta de empleo.

El Brexit ocupa gran parte de la actualidad de este país, y aunque no haya avances significativos en las negociaciones, ni se pueda dar nada por seguro (cualquier declaración o compromiso se convierte en lo contrario al poco tiempo), es indudable que las empresas están ya notando el efecto de la decisión británica.

Además de la devaluación de la moneda, el mundo laboral es otra de las funciones de la empresa donde se están complicando seriamente las circunstancias. Partimos de la base en la que el trabajar para el sector agroalimentario no tiene demasiado prestigio, y los jóvenes prefieren ir a trabajar a otros sectores.  Ya sea por los sueldos bajos en algunos casos, que pueden ser trabajos repetitivos en condiciones de humedad y temperatura poco cómodas, o porque los trabajos en hostelería y supermercados muchas veces son vistos como de tiempo parcial para ganar algo durante los estudios universitarios, al sector alimentario le cuesta atraer a los jóvenes británicos, y depende de la fuerza laboral que viene de fuera.

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Las distintas patronales ya advirtieron de esta circunstancia al gobierno, y poco a poco, se van publicando datos que muestran como aunque todavía esté en vigor la libre circulación de personas, los flujos de entrada de ciudadanos europeos son mucho menores que antes, e incluso un bueno número de los establecidos en el Reino Unido abandonan el país.

El sindicato agrario  acaba de publicar datos de una encuesta a sus asociados sobre esta cuestión. No se han cubierto el 29% de los puestos que han ofertado los agricultores para recoger la producción de la cosecha de este mes de septiembre, y la media en lo que llevamos de año es del 11%. Supone un problema para los agricultores que no tienen forma de cosechar los cultivos en el tiempo preciso, mientras que el resto de costes siguen aumentando. Según los agricultores de peras y manzanas, si esta tendencia sigue así, el 2019 ya no les será rentable recoger la fruta de los árboles. Mientras que se ve el Brexit como una oportunidad para que se vendan más alimentos cultivados en el país, la situación en las granjas se complica.

El sector del foodservice también se enfrenta a este reto. La cadena Pret a Manger reconocía que de cada oferta de trabajo que publica, uno de cada cincuenta candidatos son británicos. La BRC acaba de publicar otra encuesta a sus miembros, centrada en los que tienen operaciones de foodservice. La mayoría de empresas están notando como sus trabajadores europeos están dejando los trabajos. El impacto en algunos segmentos del mercado puede ser importantísimo, por ejemplo se estima que el 80% de los trabajadores de cafeterías en Londres no son británicos. Y la British Hospitality Association ha declarado que de seguir así las cosas no podrán cubrir vacantes.

Además, el crecimiento del sector se ha frenado desde la votación del Brexit. Se sigue creciendo pero a ritmo menor que el anterior. Por un lado, la devaluación de la libra les favorece porque vienen más turistas y hay más británicos que pasan las vacaciones en UK, pero también crecen los costes y se frena el consumo del día a día.

Para responder al reto general de incorporar gente joven a la industria alimentario, el gobierno lanzó un programa que permite crear puestos de trabajo de aprendiz en las empresas. Los jóvenes cobran un sueldo completo y pueden experimentar qué es trabajar en el sector. Sin embargo, el proyecto está fracasando. Por un lado, es una especie de impuesto general y muchas empresas no están de acuerdo con pagarlo. Y por otro lado, muchas de ellas no saben como aplicarlo y beneficiarse del programa. La realidad es que se necesita algo efectivo con urgencia. Además del problema en la hostelería y la agricultura, ahora fijándonos en la industria alimentaria, de las 400,000 personas que emplea la industria, más de 100,000 se van a jubilar antes del 2022, y se tienen que reemplazar. El 27% de sus trabajadores son europeos, con lo que el esfuerzo de reemplazarlos a todos puede ser crítico.

Y mientras, continúan las negociaciones, sin contribuir demasiado a reducir la incertidumbre.

 

El caso de los productos menguantes.

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Poundland, una cadena que ha tenido que hacer cambios profundos en su estrategia por motivo de la inflación.

Aquí dicen el Retail is detail, y no conviene perderse ni un detalle de lo que pasa en las tiendas.

 

La Office for National Statistics británica acaba de publicar un informe sobre lo que aquí se conoce como “shrinkflation” (la inflación que reduce), refiriéndose a la inflación escondida, donde se mantienen el precio de las referencias a la venta, pero baja el peso de los productos, por lo que el PVP por kilo sube. Desde que se votó por el Brexit, la inflación es uno de los temas centrales del gran consumo en este país, veníamos de una guerra de precio y la incertidumbre le puso fecha de caducidad a la caída de los precios.

La ONS, como el INE en España, toma datos periódicos de una selección de productos para calcular varios índices. El más importante, la inflación de los bienes de consumo, que forma parte de la inflación general. Analizando los datos de los últimos cinco años se han dado cuenta que el peso de muchas referencias se ha ido reduciendo.

En los últimos cinco años, de todos los productos para los que la ONS mide precio y peso, más de 2.500 se han reducido de tamaño. La misma ONS reconoce que los cambios son pequeños y no en demasiadas referencias a la vez, por lo que el efecto en la inflación es muy pequeño (aunque se da, y ellos lo contemplan porque corrigen el efecto gracias a considerar los pesos de los productos). De todas las categorías que analiza la ONS, sólo en la de chocolatinas y otros dulces de impulso el efecto es grande, y lo cuantifican en que la pérdida de peso de estos productos contribuye en 1.22 puntos a la inflación de esta categoría en concreto.

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Número de referencias mensuales que detecta la ONS se han reducido de precio.

Los motivos son los habituales: los precios no pueden superar una cierta barrera psicológica, a la vez que suben los costes de las materias primas, o se realizan promociones agresivas de productos que erosionan márgenes, y la famosa guerra de precios de estos últimos años. Aunque se viene hablando mucho de esto ahora, esta práctica se venía dando desde mucho antes que el periodo que recoge la ONS en su análisis.  Además, los consumidores son mucho más sensibles a los cambios de precio que a los cambios de peso.

Esta práctica se volvió famosa a raiz de la devaluación de la libra frente al dolar y el euro. Los costes crecieron súbitamente, muchos fabricantes no pudieron subir precios porque los retailers no les dejaron, y algunos optaron por este tipo de soluciones. Fueron muy notables los de Toblerone, en el que se modificó físicamente el producto, las cajas de Choco Pops, las bolsas de Maltesers, los snacks de carne Peperami, etc. Pero como decimos, ya venía sucediendo, por ejemplo en productos muy estacionales como los huevos de chocolate de Pascua, o dulces de Navidad, que sólo están a la venta un cierto periodo de tiempo y vuelven al cabo de un año, por lo que se le hace algo difícil a los consumidores comparar con certeza.

Urgencias del Brexit.

(Reproducción de un artículo que he escrito con Jorge Villarino, Socio Responsable del Sector Agroalimentario y de Consumo en Vinces y que apareció publicado en El Economista del pasado viernes 7 de julio del 2.107).

 

El pasado 23 de junio se cumplía un año desde que el Reino Unido votó por romper con la Unión Europea después de ser miembro durante 43 años. Las turbulencias que levantó la decisión -basta ver los resultados electorales- todavía siguen sin dejarnos ver con suficiente claridad qué desarrollo van a tomar las negociaciones, que apenas han empezado en el mes de junio.

El sector alimentario británico está muy preocupado por el resultado final de las negociaciones, como no podría ser de otra forma. La UE es un gran mercado para los productos que exportan, y a su vez, una fuente de mano de obra para las fábricas y los campos, sin los que la producción se pondría en cuestión al tener serias dificultades el sector para encontrar en el mercado laboral local candidatos suficientes. La devaluación de la libra ya supone que las materias primas y los productos finales que se importan sean más caros, y la posible aplicación de tarifas si se materializa la salida del Mercado Único aún los encarecería más.

Las empresas con intereses en el Reino Unido ya han empezado a evaluar los posibles escenarios, y  a tomar medidas. Por ejemplo, ABP acaba de anunciar la compra del 50% del procesador Linden Foods, y la Joint Venture entre Dawn Meats y Dunbia. Estos grupos cárnicos irlandeses no quieren dejar escapar un mercado que es para ellos tan beneficioso, y han cerrado acuerdos con empresas locales que les garantizarán su presencia en el Reino Unido y mitigar los riesgos que puede llegar a suponer el depender de productos importados desde Irlanda.

Un buen número de empresas españolas ya tienen canales de comercialización de sus productos muy establecidos en el Reino Unido, y han logrado crecer gracias a su buen hacer y a la  gran aceptación de los productos españoles. Tradicionalmente era un mercado para productos hortofrutícolas, y así lo demuestran las cifras con más de la mitad de nuestras exportaciones del sector; pero otros sectores como el vino y los productos cárnicos se han conseguido implantar.

Los retos que deberán afrontar las empresas españolas dependerán de cómo sea el acuerdo final, y naturalmente, es todavía muy pronto para aventurar cuál será el resultado. En caso de una ruptura total de relaciones, la salida del Mercado Único va a suponer tratar al Reino Unido como un país tercero: restauración de fronteras, ralentización del tránsito, aumento de la burocracia y multiplicación de incidentes; o tarifas al comercio, hasta que se acuerde un nuevo marco comercial, entre otras cuestiones.

En el plano normativo habrá que estar muy atento a la nueva legislación alimentaria que desarrolle el Reino Unido. Puede llegar a ser más restrictiva que la europea, con lo que puede afectar a la competitividad de las empresas que quieran vender en ese país, que se verán amenazadas por un potencial rechazo.

Otra cuestión importante es el entramado de Denominaciones de Origen y otras normativas con las que la UE protege sus productos más tradicionales. ¿Las va a respetar el Reino Unido o los norteamericanos podrán inundar el mercado de las islas con Champagne de California? Un mercado de vinos tan importante como el inglés, en el que se le pueda poner Bordeaux o Rioja a cualquier producto, puede ser kafkiano. Por no citar las propias Denominaciones de Origen del Reino Unido.

En el plano procedimental y estratégico, para la industria española, conocer cómo se articula el proceso de negociación y cómo se puede influir en el mismo, se ha convertido en un objetivo esencial del negocio en los próximos meses e incluso años. Las grandes multinacionales tienen voz propia, e incluso algunas han creado grupos de trabajo internos; pero no toda la industria tiene la capacidad y el expertise suficiente. No hay expertos en procesos de salida de la UE. Es un fenómeno nuevo. Ahora bien, disponer de asesoramiento en Bruselas, Londres y Madrid, con un equipo conocedor del sector, que filtre la información y con capacidad de análisis, es fundamental. La apertura de canales de diálogo bidireccionales con la Administración española se hace igualmente necesaria, y ello tanto en el plano sectorial (con el MAPAMA en este caso), como en el transversal (comercio exterior, asuntos europeos, REPER…etc.). La Administración española ni puede ni debe afrontar sola la negociación, que además -para mayor dificultad, aunque con toda lógica- ha de hacerse en consonancia con sus veintiséis socios europeos.

Subestimar el impacto con la finalidad de evitar preocupaciones no es un ejercicio de responsabilidad. El catastrofismo tampoco. Cuando se afrontan retos de impacto en el negocio hacen falta líneas estratégicas, planes de acción y una adecuada implantación. Buscar un adecuado asesoramiento es esencial. Nos queda como mínimo un año de negociaciones, y tras aclarar las cuestiones iniciales, entraremos de lleno en la negociación comercial. El sector agroalimentario español tiene la obligación de estar preparado, y la Administración de apoyarlo. El negocio está en juego.

 

 

 

A la caza de los productos locales.

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El Brexit seguramente ha dado otra dimensión a la cuestión de los productos locales. Aunque se hable mucho ahora, es verdad que los consumidores británicos en general se sienten inclinados a comprar productos locales (un 67%, según un informe que acaba de publicar Morrisons, aunque otras fuentes como Mintel o Nielsen hablan de cifras menores, como el 50%, según Nielsen hace un año, y con algunas categorías, como la leche, alcanzando el 65%) . La mayoría de cadenas tienen compromisos de tener carne u otras materias primas 100% del país en varias de sus gamas, destacar los productos locales en los lineales y el packaging, y en general, celebrar lo británico.

La nueva dimensión del asunto viene dada por el Brexit y cómo va a cambiar el panorama comercial con el resto de países. Según el estudio que miremos, entre el 40 y 50% de los alimentos que consumimos que vienen de fuera de la isla, importando productos por un valor aproximado de £39,000 millones. Ante el casi seguro cambio en las relaciones con la Unión Europea (nuestro principal proveedor) ésta es una cuestión muy importante, vamos a padecer antes o después un encarecimiento súbito en las cestas de las compras en cuanto se apliquen aranceles.

La noticia de hace unos días seguramente es anecdótica, pero llama la atención de cómo pueden injerir los políticos en los negocios de los supermercados de una forma un poco tontorrona. El ministro encargado de las cuestiones medioambientales salió de una reunión de trabajo anunciando que estaban valorando preparar legislación que obligara a las tiendas de alimentación online poner el “Botón Británico”, que permitiera a los clientes filtrar los productos que fueran totalmente locales. El ministro, George Eustice, lo había hablado con varios representantes de los sindicatos agrarios y a todos les parecia una iniciativa fenomenal.

Se me ocurre que si la demanda tuviera tanta fuerza, las cadenas no habrían esperado ni un segundo en implantarla. Pero lo que sí hemos visto en los últimos tiempos varias iniciativas de las cadenas para mejorar la representación de los productos locales en sus tiendas. El componente de relaciones públicas seguramente es elevado, pero en los últimos tiempos se han puesto en marcha sistemas para captar más productores locales y ayudarles a desarrollar sus propuestas de valor.

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The Coop tiene un equipo dedicado al que se dirigen los productores locales. La cadena tiene el compromiso de doblar en número de proveedores locales desde el lanzamiento de la iniciativa (noviembre del 2016) hasta el fin del 2017. El equipo les va a ayudar con las propuestas comerciales y los aspectos técnicos y de gestión de los negocios, para contribuir al éxito de la empresa.

La propuesta de Ocado es más marquetiniana, porque sólo van a elegir a un proveedor, y para ello lanzan una competición. El ganador, además de entrar en el surtido de Ocado, se llevará un premio de £20,000 para invertirlo en packaging, comunicación etc.

Y por último Morrisons, que compite con The Coop por ser la cadena más asociada a los productos locales, también a preparado una competición para incorporar este año 200 nuevos proveedores. La selección se va a realizar en varios eventos alrededor del país, donde los empresarios tienen que presentar su producto a un jurado compuesto por compradores, personal de la tienda y clientes de la misma.

Según el gobierno, estos pequeños artesanos alimentarios dan empleo a unas 127,000 personas, y aportan £22,000 millones a la economía británica cada año.

 

ACTUALIZACIÓN. El sindicato agrario acaba de publicar una guía para consumidores donde les explica los distintos compromisos que tienen las cadenas con los productos locales. De esta forma saber si toda la ternera es de UK, la harina, las frutas y verduras, etc.

La pueden mirar aquí.