A la caza de los productos locales.

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El Brexit seguramente ha dado otra dimensión a la cuestión de los productos locales. Aunque se hable mucho ahora, es verdad que los consumidores británicos en general se sienten inclinados a comprar productos locales (un 67%, según un informe que acaba de publicar Morrisons, aunque otras fuentes como Mintel o Nielsen hablan de cifras menores, como el 50%, según Nielsen hace un año, y con algunas categorías, como la leche, alcanzando el 65%) . La mayoría de cadenas tienen compromisos de tener carne u otras materias primas 100% del país en varias de sus gamas, destacar los productos locales en los lineales y el packaging, y en general, celebrar lo británico.

La nueva dimensión del asunto viene dada por el Brexit y cómo va a cambiar el panorama comercial con el resto de países. Según el estudio que miremos, entre el 40 y 50% de los alimentos que consumimos que vienen de fuera de la isla, importando productos por un valor aproximado de £39,000 millones. Ante el casi seguro cambio en las relaciones con la Unión Europea (nuestro principal proveedor) ésta es una cuestión muy importante, vamos a padecer antes o después un encarecimiento súbito en las cestas de las compras en cuanto se apliquen aranceles.

La noticia de hace unos días seguramente es anecdótica, pero llama la atención de cómo pueden injerir los políticos en los negocios de los supermercados de una forma un poco tontorrona. El ministro encargado de las cuestiones medioambientales salió de una reunión de trabajo anunciando que estaban valorando preparar legislación que obligara a las tiendas de alimentación online poner el “Botón Británico”, que permitiera a los clientes filtrar los productos que fueran totalmente locales. El ministro, George Eustice, lo había hablado con varios representantes de los sindicatos agrarios y a todos les parecia una iniciativa fenomenal.

Se me ocurre que si la demanda tuviera tanta fuerza, las cadenas no habrían esperado ni un segundo en implantarla. Pero lo que sí hemos visto en los últimos tiempos varias iniciativas de las cadenas para mejorar la representación de los productos locales en sus tiendas. El componente de relaciones públicas seguramente es elevado, pero en los últimos tiempos se han puesto en marcha sistemas para captar más productores locales y ayudarles a desarrollar sus propuestas de valor.

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The Coop tiene un equipo dedicado al que se dirigen los productores locales. La cadena tiene el compromiso de doblar en número de proveedores locales desde el lanzamiento de la iniciativa (noviembre del 2016) hasta el fin del 2017. El equipo les va a ayudar con las propuestas comerciales y los aspectos técnicos y de gestión de los negocios, para contribuir al éxito de la empresa.

La propuesta de Ocado es más marquetiniana, porque sólo van a elegir a un proveedor, y para ello lanzan una competición. El ganador, además de entrar en el surtido de Ocado, se llevará un premio de £20,000 para invertirlo en packaging, comunicación etc.

Y por último Morrisons, que compite con The Coop por ser la cadena más asociada a los productos locales, también a preparado una competición para incorporar este año 200 nuevos proveedores. La selección se va a realizar en varios eventos alrededor del país, donde los empresarios tienen que presentar su producto a un jurado compuesto por compradores, personal de la tienda y clientes de la misma.

Según el gobierno, estos pequeños artesanos alimentarios dan empleo a unas 127,000 personas, y aportan £22,000 millones a la economía británica cada año.

 

ACTUALIZACIÓN. El sindicato agrario acaba de publicar una guía para consumidores donde les explica los distintos compromisos que tienen las cadenas con los productos locales. De esta forma saber si toda la ternera es de UK, la harina, las frutas y verduras, etc.

La pueden mirar aquí.

El sector está en contra del “Hard Brexit”.

Avanzamos en el tiempo hacia la fecha en la que nuestra Primera Ministra quiere poner en marcha el proceso de separación de la Unión Europea, y todavía seguimos con más incertidumbres que nada. De hecho, ni siquiera está claro que el gobierno pueda activar el proceso sin tener que contar con el beneplácito del Parlamento.

Mientras tanto, los distintos sectores siguen lanzando mensajes sobre cuales deberían ser las prioridades del proceso, a su entender, para proteger sus intereses. Los supermercados que en su mayoría no habían querido posicionarse hacia un lado o el otro antes del referendum, ahora reaccionan, y mandan mensajes para proteger el status quo a pesar del Brexit.

Hace un par de días que un grupo de instituciones y negocios alimentarios han publicado una carta en The Times advirtiendo de los peligros que supondría el llamado Hard Brexit para el sistema alimentario del Reino Unido. Pondría en riesgo las empresas, la agricultura, y la oferta alimentaria.

La carta la firman los principales sindicatos agrarios, un buen número de fabricantes (Arla, Muller, Weetabix etc) y varias cadenas (Marks & Spencer, Morrisons, etc). En total 71 organizaciones, que juntas facturan del orden de £92.000 millones cada año.

Sus demandas son claras: mantenerse dentro del mercado único con todo lo que eso comporta. Por el volumen de productos que se importan desde la Unión Europea es importante mantenerse dentro del mercado único, asegurando que no hay tasas comerciales a la hora de comprar productos de Europa. Pero también la Unión Europea es el principal mercado exterior para la industria alimentaria, y perderlo sería un contratiempo.

Y finalmente, la reindinvicación de mantener las condiciones actuales del mercado laboral. La agricultura, la industria y el comercio necesitan poder contratar mano de obra continuamente, y los ciudadanos de los nuevos países de la Unión Europea han venido atendiendo esta demanda laboral. Cortarlo supondría un revés para este sector, sobretodo para el agrícola que dice igual no podría cultivar varios de los productos (como las fresas) con la solvencia con la que se ha venido realizando hasta ahora. Aunque también solicitan asegurar que los europeos que están establecidos ya en el Reino Unido puedan seguir viviendo en las islas sin trabas, como hasta ahora lo han podido hacer.

Más presión sobre el gobierno a la hora de conseguir un trato que convenza a los votantes y a los negocios.

Los restaurantes se benefician algo del Brexit.

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Una de las consecuencias más sonadas y tangibles del Brexit ha sido la devaluación de la libra esterlina frente al Dólar de Estados Unidos y el Euro. Justo antes del verano, las vacaciones se han encarecido casi un 20%!

En un  informe que acaba de publicar la empresa de fidelización y marketing Cardiolytics se analizan los cambios en el gasto de los británicos en este último periodo. Está basado en el gasto de 10 millones de clientes de los bancos con los que trabajan.

La restauración crece un 12% comparado con el gasto del año pasado, y el segmento de las opciones de restauración más baratas (fast food etc)  alcanzan un crecimiento del 34% interanual. Dicen que este crecimiento se debe sobre todo a las nuevas posibilidades de entrega en casa, gracias a empresas como Deliveroo. Las cifras que recoge Barclays sobre el gasto en restauración son similares, y también positivas. Las primeras cifras que se ofrecieron para el mes de julio fueron negativas, con un descenso en el gasto en pubs y restaurantes del 0.44%, pero luego las del mes de agosto ya fueron de buen ritmo de crecimiento, con un 13%.

El crecimiento en la restauración se debe a una combinación de factores, por un lado menos vacaciones fuera de UK por la devaluación de la moneda (16% menos en gasto en billetes de avión), y además porque gracias a la guerra de precios, las compras en supermercados les salen más baratas a los británicos y así pueden derivar estos ahorros al salir a cenar o comer fuera de casa (el gasto en gran consumo dicen supone un 25% del gasto total de los hogares, frente a un 27% hace dos años).

Brexit y Alimentación X – Análisis del Instituto Internacional San Telmo para Canal Dis.

El pasado martes 18 de octubre Canal Dis emitió su Webcast en el que presentaron el Termómetro CanalDis 4TM-2016 y después mantuvo una sesión específica sobre las Consecuencias del Brexit en el Sector Gran Consumo español.

Les recomendo el vídeo entero, especialmente las dos ponencias de Fernando Faces García y Horacio González Alemán, ambos profesores del Instituto Internacional San Telmo. Como les voy escribiendo aquí, las consecuencias son muy inciertas, pero es muy interesante escuchar a dos personas expertas en la materia, y ver cómo van desgranando las consecuencias de los varios escenarios posibles de futura relación entre la Unión Europea y el Reino Unido.

Pulsen en la imagen para ver el vídeo de la conferencia.

 

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Brexit y Alimentación IX – El debate de la inflación.

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El debate del precio tiene ya un hashtag: “Marmitegate

El debate sobre la inflación se tensa, y aunque todos sabemos cómo va a acabar, lo que no se sabe es cuando acabará.

Nos encontramos en medio de una tormenta perfecta, con una serie de factores pre y post Brexit que son determinantes:

  • La economía general llevaba unos trimestres mejorando. Y, fundamental, las economías familiares también crecían y podían afrontar gastos diferidos gracias a su situación algo más cómoda.
  • El discount continuaba arrasando al haber acostumbrado a estas familias a ofrecer una calidad razonable a precios bajos. Para tratar de recuperar a estas familias, el top 4 lanza la famosa guerra de precios que nos ha dejado una inflación del -3%.
  • Los costes aumentan, no sólo los de varias commodities como el azúcar, el café, el aceite de palma, el petróleo, etc (según la Federación de Fabricantes de Alimentos, el coste de los inputs ha crecido un 20% en estos últimos meses), si no también los costes laborales, gracias al nuevo sueldo mínimo que implantó el anterior gabinete conservador y se puso en práctica el primer semestre del 16.
  • El Reino Unido importa el 40% de los alimentos que consume. Y un número importante de estos productos se pagan en dólares.
  • Y llega el Brexit, que trae incertidumbre sobre cómo van a ser varias de las condiciones fundamentales del mercado a medio plazo (tarifas sobre el comercio internacional y libre circulación de personas) y la depreciación de la libra frente al euro y el dólar.

Este debate ya se había iniciado hace un año, sólo que se llamaba “el fin de la guerra de precios”.  Se estimaba que por estas fechas ya se habría acabado y volvería la inflación. Luego con el cambio de año y los problemas de Asda (que tiene la opción que llaman “guerra de precios nuclear”) los CEOs de la gran distribución la alargaban hasta las Navidades de este año, pero todos estaban convencidos de que su fin estaba a la vista.

Los hechos de estas últimas semanas parece que nos acercan al climax, con el problema entre Unilever y Tesco, los anuncios de varios fabricantes como Nestlé sobre el coste de las materias primas de sus productos, y las opiniones de varias patronales sobre lo insostenible de la situación (BRC, FDF, WSC, etc). Dando un giro a su estrategia de comunicación, Tesco reconociendo que los incrementos en los costes se tendrán que trasladar al PVP, y hace un par de días, Morrisons subiendo el precio de algunos productos de Unilever (el Marmite, que estuvo en el centro de la polémica con Tesco) parece que se abre un nuevo capítulo en esta saga (fuera del gran consumo, pero también muy determinante para la opinión pública, el anuncio de Apple de subir ya el precio de todos sus productos en UK para reflejar la devaluación de la libra). En todo caso, la guerra de precios se centra en los productos básicos, y en la eliminación de referencias por parte de las cadenas que hacen bajar el precio medio de las cestas de la compra.

Se avisa que va a haber más negociaciones como las de Unilever, con más fabricantes tratando de pasar incrementos de costes al PVP, mientras que las cadenas no querrán tocar nada antes de Navidades. Va a ser el juego de quién es el más débil, y cuando alguno flaquee, se abrirán las compuertas.

Tesco: el Brexit se va a notar en el precio.

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John Allan, Presidente de Tesco plc. Fotografía de Tesco.

Todo lo que tiene que ver con el Brexit está enredado: hay multitud de intereses enfrentados, promesas sin fundamento, y políticos reactivos. Y lo normal es que Tesco acabara antes o después enmarañado en este problema tan grave al que se enfrenta la sociedad británica.

Hace unos días ganó una batalla mediática durante las negociaciones con Unilever. Se hizo pública la petición del fabricante de subir precios, y la negativa de Tesco a aceptarla. Poco después, el Director General de Tesco UK, Matt Davies afirmaba en la conferencia anual de IGD que Tesco iba a hacer todo lo posible por mantener los precios. Sus clientes tenían que afrontar muchas incertidumbres ante el cambio, y ellos querían protegerles por lo menos en lo que a Tesco le concierne: mantener al mínimo los posibles aumentos de precio de los productos de gran consumo.

Esto venía a contrastar con algunos mensajes que se han lanzado estas dos o tres últimas semanas sobre la inminencia de la subida de precios y el fin de la guerra de precios, principalmente por culpa de la crisis de cambio de la libra esterlina y su pérdida de valor frente a los dolares y los euros.

Sin embargo, las declaraciones que hizo el presidente de Tesco, John Allan, ayer a la BBC iban en otra dirección a lo que se había dicho desde Tesco hasta entonces. En una entrevista llegó a afirmar que si la libra seguía devaluada no iba a quedar más remedio que trasladar esta situación a los PVP. No veía aumentos del precio del 10 al 20%, como se ha anticipado, si no más bien en el orden del 2 al 3%. El trabajo de Tesco para proteger a sus clientes no es evitar que suban los precios, decía, pero sí el cuestionar cualquier propuesta de fabricantes en este sentido y no aceptar las que no tengan justificación.

Y ya que se hablaba del Brexit, se hizo eco de una de las reclamaciones del sector hortofrutícola británico, proveedores en gran número de Tesco: sin inmigrantes no podremos recolectar los productos del campo.

Estamos todos pendientes de qué va a pasar con los precios. Ningún operador quiere ser el primero en subirlos, pero a la que uno se vea obligado a hacerlos, los demás seguirán. Los resultados navideños igual nos aclaran algo.

Brexit y Alimentación VII – Exportaciones

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La Federación de Industrias Alimentarias acaba de publicar los datos del primer semestre de las exportaciones británicas, y como siempre, unos ven el vaso medio lleno y otros lo ven medio vacío, además con el Brexit de por medio.

Las exportaciones a países terceros, fuera de la Unión Europea, han crecido de forma muy importante, y ya suponen un tercio de las exportaciones alimentarias británicas. El crecimiento total ha sido del 14% respecto al primer semestre del 2015, y son Malasia, China y los Estados Unidos son los países hacia los que más han aumentado los flujos de productos. Mientras que el crecimiento de las exportaciones en total apenas crecen un 6,2% y hacia la Unión Europea un 2,9%.

Los que apuestan por el Brexit han recibido muy bien estas cifras, pero la propia Federación reconoce que el aumento del crecimiento se debe más a una libra débil y a elementos puntuales que a otros factores que permitan asentar el crecimiento.

Esta semana también la Primer Ministra y su equipo de Brexiteers ha mantenido contacto con algunos países de la Commonwealth para tratar de poner en marcha con ellos conversaciones de cara a lograr acuerdos comerciales. Nueva Zelanda parece haberles recibido de forma muy positiva y con muy buena predisposición, pero los australianos les han advertido que tienen prioridad las negociaciones con la Unión Europea, y cuando concluyan las que tienen en marcha, hablarán con UK.

 

 

Brexit y Alimentación – VI Nestlé

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Fuente: Nestlé.

El CEO de Nestlé, Paul Buckle, no pudo evitar hablar sobre el Brexit en un reciente evento patrocinado por su propia compañía y que se centraba en la actualidad de las economías globales y los retos que afrontan las grandes empresas.

Para él la cuestión está clara: llevan casi 150 años en el Reino Unido, con buenos y malos años, pero fabricando algunas de las marcas que más aman los británicos y empleando un número respetable de personas en el país. Por ello la decisión es seguir como hasta ahora, adaptándose a los cambios del mercado, ya sean sociales o como en este caso, legislativos e institucionales.

Solicita que los políticos trabajen duro hacia un divorcio amigable que haga las cosas más fáciles para planificar los escenarios futuros. Piensa que ha sido todo fruto del “corto placismo” que domina muchas decisiones políticas y de los consumidores en la actualidad.

La debilidad de la libra les afecta puesto que tienen que importar muchas materias primas, pero como una parte importantísima de lo que venden en UK lo fabrican en el país, es posible mitigar de alguna forma el incremento de costes. Les es más difícil para los productos que importan ya fabricados.

Brexit y Alimentación – V Nielsen

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Los productos locales van a ganar en importancia, según Nielsen.

La consultora Nielsen también hizo una rápida encuesta a su panel, para tratar de captar el sentimiento de los shoppers post Brexit. Y la verdad, aunque piensan que los cambios en comportamiento que deducen se van a producir en un plazo de tiempo medio, no parece un panorama muy atractivo.

La encuestra muestra a unos consumidores preocupados por la incertidumbre y pensando en qué pueden hacer para ahorrar dinero o por lo menos gastar lo menos posible. Algo parecido a lo que ya se vió durante la época de crecimiento y pérdidas seguidas que vivimos del 2010 al 2013.  Por eso esta crisis, o esta incertidumbre, ya se encuentra con consumidores curtidos en el arte de estirar las libras hasta límites insospechados, y que los supermercados sólo pueden atraer a base de recortar precios.

El 64% esperan que el Brexit tenga inmediatamente un impacto negativo en la economía, y de allí que aplican las tácticas de supervivencia: buscar cómo ahorrar en el gasto en el hogar y revisar sus hábitos  (41%), cambiar a tiendas más baratas (37%) e incluso cambiar marcas por MDD o marcas más baratas (52%). La gran mayoría, dos terceras partes, también piensan que los precios subirán.

Sin embargo, aflora un poco el nacionalismo al declarar querer comprar más productos ingleses, con un 31% de la muestra (aunque a mi no me parecen unos niveles muy exagerados. Aunque con muestras distintas, y seguramente también metodología, recuerdo datos más altos en estucios de Mintel, y hasta un 70% o más en un estudio para el Sindicato Agrario NFU). Lo malo de querer comprar más productos ingleses es que no hay para todos, ya que UK importa aproximadamente la mitad de la comida que se consume.

Hasta que no pasen unos meses no veremos el impacto verdadero en los actos y hábitos de los consumidores, y muy posiblemente estos resultados se obtengan al calor del resultado. Pasado un tiempo podremos calibrar mejor, sin duda.

Brexit y Alimentación – IV Kantar Retail

El instituto de investigación publicada un pequeño análisis sobre los principales retos que tienen que hacer frente las cadenas de aquí a que se aclare qué significa desacoplarse de la Unión Europea.

Una primera previsión se centraba en el comportamiento de los consumidores, que seguramente a corto plazo no iba a cambiar mucho, tan solo una menor confianza en el futuro (natural ante la incertidumbre) por lo que el gasto se irá retrayendo o anulando en algunas partidas. Esperan una reacción parecida a la de la crisis del 2008: los productos básicos resistirán (como se suele decir, las personas tenemos que comer) y posiblemente haya un repunte de ventas de MDD y productos de marcas líderes en promoción (aunque la moda de este año sea abandonarlas). Esta vez parece que la inflación tendrá también un papel fundamental, por el desplome de la libra esterlina.

Las cadenas seguramente mirarán a la producción local para depender menos de las importaciones. En este sentido, las que han trabajado para hacer más robustas sus cadenas de suministro lo tienen algo mejor. Como Morrisons que tiene una gran parte de los productos frescos perfectamente integrados, o Tesco, Sainsbury’s, Waitrose, etc, que tienen grupos de proveedores (ganaderos y agricultores) que trabajan en exclusiva para ellos y reciben una prima en el precio. Los demás, y todos en los productos que vienen completamente desde el extranjero, seguramente sufrirán la presión de la inflación, que pondrá en peligro la guerra de precios.

Los recursos humanos son un área también que puede sufrir un impacto elevado. No sólo porque hay muchas empresas de alimentación y distribución que tienen oficinas y plantas en UK y varios países europeos, y la posible eliminación de la libre circulación frenará la agilidad con la que se movían sus empleados de un lado al otro del canal. Pero es que la agricultura puede sufrir un golpe tremendo, e incluso algunos cultivos, como las fresas y los pepinos, llegar a desaparecer. Por ejemplo el sector de los frutos rojos (fresas, frambuesas, moras, etc) que vende cada año unos £1.200 millones, depende prácticamente al 100% de los trabajadores comunitarios que van a trabajar durante las épocas de cosecha. Y lo mismo se puede aplicar al talento: se dificultará la contratación de personas de fuera del Reino Unido si se deja de aplicar la libertad de movimiento.

Kantar piensa que los discounters alemanes están bien situados para absorver los posibles aumentos de precios de los productos que se importen en el Reino Unido, por lo que les augura un buen futuro. Tienen una gama limitada y una cadena de suministro muy afinada, junto con el poder de compra del grupo entero. Sin embargo, también son cadenas que apuestan por los productos locales, crucialmente los frescos, y si va a haber más demanda sin que se consiga aumentar la producción, es posible que la inflación aquí sea significativa.

Otro gran campo de incertidumbre es la legislación. Un buen número de leyes que regulan la actividad del gran consumo (seguridad alimentaria, etiquetado, medio ambiente, etc) provienen de Europa. Ahora el Reino Unido tiene que decidir entre mantener las que ya hay (que permitirían a los productos alimentarios acceder al mercado europeo) o elaborar las suyas propias (que igual complicarían la exportación a este mercado).

Y aún queda qué va a pasar con el sistema financiero, y su posibilidad de operar en Europa con mayores o menores trabas. No sólo por la deuda que tienen contraída algunas cadenas con varios bancos, si no por la multitud de pagos que se producen a proveedores europeos, que si por los cambios en la regulación del sector bancario van a incurrir en mayores costes para el sector alimentario en general.

El Brexit ha dejado una nación dividida, con valores enfrentados, y que en parte, se echa la culpa una mitad a la otra de lo que ha pasado o por qué hemos llegado hasta aquí. Ante tanta incertibumbre, un poco de seguridad puede ayudar a llevar mejor esta crisis de identidad. Mientras tanto, unos consumidores inquietos ante el futuro no son las mejores noticias para el gran consumo.

 

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Los valores de cada uno de los bandos con prácticamente opuestos. Lo que un bando considera una fuerza del cambio el otro lo considera un freno o algo malo.