Amazon Fresh más accesible.

Todavía no han llegado las tiendas de Amazon Go a Londres, ni tampoco parecen que vayan muy bien los pop ups Clicks and Mortar que Amazon está abriendo en varias ciudades del Reino Unido, y ahora Amazon vuelve a ocupar titulares gracias a sus novedades en el servicio de Amazon Fresh.

Amazon lanzó el servicio de Amazon Fresh en el Reino Unido en el 2016, en Londres, y posteriormente lo ha ido ampliando a más ciudades. Los clientes tenían que tener la suscripción de Amazon Prime, y además pagar una cuota mensual por el servicio, de £3.99, por el que podían acceder a la tienda de productos frescos y gran consumo, entregas en una hora, y un número ilimitado de pedidos, siempre de un gasto superior a las £40. Primero servían productos de marcas de fabricantes, junto con la MDD de Wholefoods y de Morrisons, y hace unos meses incorporaron los productos del surtido de Booths, la cadena premium del norte de Inglaterra.

Ahora se han decidido a ofrecer el servicio también bajo demanda, como cualquier otro supermercado, aunque continúa la condición de ser miembro de Amazon Prime. Los clientes pueden hacer un pedido del surtido de Amazon Fresh y pagar £ 2.99 por la entrega, gozando de las ventajas del servicio de suscripción.

Fotografía de Amazon

Más de 15 millones de consumidores están suscritos a Amazon Prime, según Mintel, y además esta suscripción ejerce una influencia determinante a la hora de comprar productos, dado que estos clientes compran más productos y de un mayor número de categorías que los que no están suscritos. Mintel estima que solamente el 12% de los suscriptores de Prime que viven en Londres han contratado Amazon Fresh. Dando acceso a sus clientes Prime, Amazon espera poder captar más clientes, aquellos que hacen compras online de alimentación con poca frecuencia, y además afrontar mejor los desarrollos de la competencia, que desde el lanzamiento de Amazon Fresh han ido acelerando los servicios de entregas ultrarápidas.

Morrisons apuesta por los agricultores del futuro.

Desde hace unos años la seguridad alimentaria en el Reino Unido (la capacidad que tenemos de producir los alimentos que se consumen en el país) es un debate importante, y muchísimo más desde que hemos entrado en “modo Brexit”.

El sector agrícola se enfrenta a retos muy serios en este escenario post Unión Europea, primero por la dependencia que se tiene de los alimentos del exterior y los cambios que se van a producir en las importaciones (tarifas que las pueden encarecer, nuevos acuerdos comerciales que puede suponer importar a precios bajos productos que se cultivan en el Reino Unido) y como el propio sector va a afrontar las dificultades para importar mano de obra para recoger los frutos del campo.

Morrison es la cadena que ha apostado por convertirse en un experto en productos frescos y locales, y es de las más integradas con los proveedores. Gracias a esto su relación con los agricultores que le entregan productos en sus almacenes para acondicionar o procesar es muy cercana y especial.

Ahora, integrado en un programa del gobierno británico que trata de facilitar el acceso a los jóvenes a la formación profesional, ha decidido invertir £2 millones para formar a jóvenes agricultores. Además, el 25% de este fondo lo destina a ayudar a formarse a los empleados de sus propios proveedores agrarios, con la esperanza de que quieran emprender un negocio agrícola. Incorporando gente joven al sector esperan poder revertir la tendencia del envejecimiento progresivo del sector agrícola, donde menos del 3% de los agricultores tiene menos de 35 años.

La implicación de Morrisons no acaba aquí. Algunos de los trabajadores de Morrisons también participarán en las clases que se les presta a estos aprendices, y se les ofrece prácticas renumeradas en las tiendas de Morrisons para que puedan interactuar directamente con los clientes y ver qué piensan respecto a los productos locales, el bienestar animal, la calidad de los productos etc.

Dado el posicionamiento de Morrisons y su apuesta por lo productos locales, ésta es sin duda una medida muy consecuente.

Tesco: medidas para reducir los envases de plástico.

Fotografía de Tesco.

La semana pasada el CEO de Tesco Dave Lewis publicaba un artículo en el periódico The Guardian sobre las iniciativas del supermercado para reducir la cantidad de envases de plástico que ponen en el mercado y acaban en los vertederos. El objetivo de la comunicación no solamente era sacar pecho, si no también pedir a la administración pública iniciativa en este tema tan importante para los consumidores.

Desde principios del 2018, al poco de emitirse el programa de la serie Blue Planet II que encendió las alarmas, Tesco empezó a auditar sus productos y sus procesos, para ver la naturaleza de los materiales plásticos que utilizan en sus productos. El objetivo era identificar aquellos que son difíciles de reciclar, los que pueden ser prescindibles, y qué otros materiales pueden utilizar. De allí salió el compromiso de acabar este año (2019) sin plásticos que son difíciles de reciclar en sus productos de MDD. Encontraron que el 13% de la cantidad de envases plásticos que utilizan son difíciles de reciblar (por la composición, o por que son negros, un color que imposibilita a los sistemas de clasificación automáticos de las plantas de reciclado “ver” esas piezas y colocarlas en los cubos correspondientes para reciclar). Ya han modificado unas 800 referencias con estos materiales, retirando del mercado 4.000 toneladas de plástico de esta característica, y esperan alcanzar el objetivo a finales de año como se han comprometido. Sus productos de MDD utilizan un 31% menos de packaging que en el 2007, año que han tomado para comparar.

Siguen una programa al que han llamado las 4 R, porque tratan de eliminar (remove), reducir, reciclar o reusar los materiales de envasado.

Están probando otras formas de reducir el plástico que ponen en el mercado, aunque por ahora no se han animado con los depósitos de pasta, legumbres, etc, que otras cadenas han probado. A los tests de secciones de frutas y hortalizas con más graneles y menos bandejas se les unen tests en productos que se suelen comprar en grupos, como las latas de tomate, las cervezas etc. Quitan el retractilado o las anillas que conforman el grupo, e informan a los clientes de esto, que pueden comprar las unidades que quieran y se benefician de un mejor precio si compran el grupo de productos que habitualmente conformaba una referencia. Y también la educación de los consumidores es una parte importante de la ecuación: con carteles en las tiendas y formación a sus empleados tratan de, en la medida de lo posible, influenciar a sus clientes para que cambien sus hábitos. Y en algunas tiendas están probando sistemas de recogida, donde los clientes pueden llevar botellas de plástico a cambio de dinero.

Sin embargo, también han quitado de un gran número de tiendas las pescaderías y carnicerías. No eran rentables, y tampoco vendían tanto, por lo que el impacto sobre la cantidad de plástico que conseguían ahorrarse es posible que no fuera mucho, pero no se sabe a ciencia cierta.

Otro aspecto que puede ser complejo es que esperan que sus proveedores hagan lo mismo que están haciendo ellos, para minimizar en lo posible el impacto de la operación de Tesco. Hace unos años, con la cuestión del azúcar añadido, dieron de baja las referencias que les pareció no seguían su espíritu de reformular productos para reducir la cantidad de azúcar que vendían. Pero ahora seguramente van a tomar un camino más colaborativo, citando el CEO de Tesco la experiencia positiva del trabajo conjunto que han hecho los proveedores y Tesco en el campo del desperdicio alimentario. A pesar de esto, la amenaza de dar de baja productos sigue vigente.

Las quejas del CEO de Tesco respecto a la administración pública vienen porque en este país no existe un sistema centralizado de gestionar estos residuos, y cada distrito lo hace de una forma distinta. Esto supone que en algunas zonas del país se reciclen el 65% de los plásticos que se recogen, mientras que en otras apenas un 14%. Piensa que se debería trabajar para uniformizar esto, juntando recursos y ser más eficiente. Iceland y Sainsbury’s están haciendo pruebas con un sistema de recogida en tiendas, en Escocia se está probando uno que se implantaría a nivel nacional, y algunas de las principales marcas trabajan con Terracycle en la iniciativa Loop, que planea poner en el mercado envases reutilizables de los productos de las marcas con las que colabora.

También son miembros del UK Plastics Pact, un grupo de empresas de fabricación y distribución del Reino Unido que trabajan para reducir el uso de plástico en toda la cadena de distribución.

Las cadenas llevan tiempo trabajando en sostenibilidad, para mejorar la eficiencia energética de sus edificios, del transporte, etc y llevaban tiempo trabajando en reducción del envase, aunque no con tanta intensidad como ahora, gracias a la presión ejercida desde la sociedad.