Asda: la guerra de precios ya no es solamente de los productos básicos.

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Aunque oficialmente no estemos ya en guerra de precios desde hace algo más de un año, por culpa de la presión en los costes que supuso la devaluación de la libra, las cadenas siguen resistiéndose a abandonar una práctica que les ayuda a llevar a clientes a las tiendas. Siguen anunciando con menos frecuencia que antes bajadas de precios en grupos de productos, y  en general con menos intensidad, tratando de maximizar el efecto publicitario.

Generalmente los productos más afectados son los que se denominan básicos, los frescos y los que se compran con más frecuencia, pero ahora Asda innova y se ha decidido a bajar los precios de la gama de los “free from”, los productos para personas con alergias e intolerancias. Es una de las categorías de moda, que crece como la espuma y ya alcanza los £1.500 millones (aunque ahora el crecimiento sea algo artificial y debido a que los fabricantes ponen claims en sus productos tradicionalmente libres de gluten o lactosa). Un número importante de personas los compran por necesidad, pero es mucho mayor el efecto halo, y los que los compran por considerarlos más saludables.

Asda ha decidido rebajar el precio de 16 referencias de su gama de “Free From” (tiene unas 170 referencias) un 40% de media, para situarlas como las más baratas del mercado. Son productos de varias categorías, yogures, pasta, etc, que Asda dice sus clientes compran con frecuencia. Al mismo tiempo dan de alta 100 referencias más de este tipo de productos, esta vez de marcas de fabricantes e inauguran un espacio en su tienda online dedicado a estos productos, donde explica los distintos logos y como funciona su nuevo filtro para seleccionar el componente que quieres evitar y así la web te ofrece productos adecuados.

El anuncio coincide con el lanzamiento de la gama de productos sin gluten de Lidl.

 

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Sainsbury’s: comprar sin pasar por caja en Londres.

Sainsbury’s ha traído al sur de Londres su piloto de tienda en la que es posible hacer la compra con su App, escanando los productos y pagando en la misma App. Es decir, no hace falta pasar por caja. No es la experiencia Amazon Go, pero se le va acercando. Y aporta velocidad a un tipo de compra donde el cliente apenas se va a llevar tres o cuatro productos y lo que prima es la velocidad a la que puede salir de la tienda una vez ha decidido qué llevarse.

Sainsbury’s llevaba dos años probando el App en una de las tiendas convenience que tiene cerca de la estación de Euston, con un número restringido de usuarios. Y ahora pone en marcha la iniciativa en una de sus tienda Local en el sur de Londres. La llama “Sainsbury’s Smartshop”.  La tienda no tiene sensores en las estanterías ni cámaras para seguir el movimiento de los clientes por la tienda, y por ello los propios clientes son los que tienen que escanear los productos utilizando el escaner de la App de Sainsbury’s, y una vez tienen todo, pagar en la propia App.

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Fotografía de Sainsbury’s.

Tiene todavía algunos inconvenientes, como por ejemplo los productos con alarma anti hurto, que tiene que desactivarse antes de salir de la tienda, o en el caso de alcohol y otros productos de venta restringida, el personal tiene que verificar que el cliente tiene la edad requerida para la compra.

Pero sin duda va a ser una herramienta muy popular en las tiendas donde se implante. En algunas tiendas del centro de Londres, o Canary Wharf por ejemplo, es posible ver más de 200 personas haciendo cola al medio día para comprarse un bocadillo y una botella de agua. Cuando sea posible escanear y pagar directamente con el App estas colas se reducirán drásticamente, y la experiencia de compra mejorará ostensiblemente. De hecho Tesco hizo unas pruebas hace unos años para llevar a cabo algo parecido.

La tienda sigue teniendo cajas registradoras donde pagar la compra, y según Sainsbury’s sigue empleando el mismo número de personas que antes de implantar este sistema. Una de las cuestiones que se nos ocurre debería preocupar son los robos de producto, pero dice Sainsbury’s que no les ha parecido que aumente al implantar este sistema.

El tipo de tienda donde lo prueban es de las llamadas “convenience”, donde los clientes pueden llegar a entrar varias veces cada semana, para comprar por ejemplo algo para comer en el momento, o unos platos preparados para cenar en casa. Son compras de pocos productos, en muchos casos los clientes no cogen ni cesto. Y es habitual que la mayoría de las cajas sean de autocobro, no acepten dinero en efectivo y solamente se pueda pagar con tarjeta, y además, no impriman tiquets de compra (solamente si el cliente lo pide expresamente).

 

Morrisons y Asda: frescos sin plástico.

Algo que sorprende bastante de los supermercados británicos es que incluso en los hipermercados, la gran mayoría de los productos en frutería están envasados, y hay poco granel. Por eso parece normal que ahora que todas las cadenas se han comprometido a reducir el plástico en sus operaciones, la frutería haya sido una de las primeras secciones en las que se hayan puesto a trabajar. Aunque por ahora parecen más bien medidas mínimas y lo que se trata de maximizar es la publicidad de la acción.

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Un empleado de Morrisons mostrando los “pepinos desnudos” del retailer.

Morrisons anunció la semana pasada que iba a vender pepinos sin la habitual funda de plástico. La medida va a afectar a los pepinos del Reino Unido y de Holanda, y desde marzo a octubre. La medida reduce la vida útil de los pepinos, de siete a cinco días, por lo que se ha criticado un poco por la importancia que se le da también a la reducción del desperdicio alimentario. Pero según Morrisons el impacto va a ser importante, y le va a permitir al retailer ahorrarse 16 millones de fundas de plástico.

Otras medidas de Morrisons son el permitir que los clientes se lleven la compra de carnicería y pescadería en sus propios contenedores, por lo que Morrisons se ahorra tener que envolverlos. Y están instalando fuentes de agua potable en sus tiendas, para que los clientes puedan rellenar allí sus botellas rellenables de agua.

Asda también ha anunciado medidas. En abril nombraba a Nikki Dixon responsable del proyecto de reducción del plástico en las operaciones del retailer, y firmaban un acuerdo con la Universidad Beckett de Leeds para el análisis del problema y las posibles soluciones. Las primeras medidas que se conocen también son de la sección de frescos, y  retiran las fundas de plástico de los colinabos y en las próximas semanas de los espárragos. El compromiso de Asda es de reducir el uso de plástico en su MDD un 10% de aquí al 2019.

Waitrose, que quiere eliminar los plásticos negros de su MDD también está aumentando el uso de bandejas de cartón en su sección de frutas y hortalizas. Lo último que han anunciado es que los tomates ecológicos van a llevar unas bandejas de cartón que se fabrica a partir de las hojas de las tomateras, demostrando también interés en valorizar los subproductos agrícolas.

Red Tractor para por su crisis reputacional.

Red Tractor

El sello Red Tractor en los alimentos es uno de los más reconocidos por los consumidores británicos, y ahora está pasando por una mini crisis reputacional debido a su forma de operar. Afortunadamente, en esta ocasión parece que se ha superado sin consecuencias. Recordemos que llevamos un par de años con varias crisis en el sector cárnico, como por ejemplo la de la planta de envasado de pollo 2 Sisters, o el cierre del proveedor de fooservice Russell Hume por incumplimientos severos con la legislación sanitaria.

El sello Red Tractor nació en el año 2000 y es una certificación que se otorga a productores de alimentos en UK que cumplen con una serie de condiciones. Son más restrictivas que la legislación en vigor en cuestiones de bienestar animal y cuidado del medio ambiente, y sobre todo, que asegura que los productos son del Reino Unido. Según sus propios estudios, más del 62% de los consumidores británicos reconocen el sello, y esto los convierte en la certificación de productos más reconocida en el país.

Recientemente, una ONG (Animal Equality) destapó malas prácticas con los animales en una de las granjas certificadas por Red Tractor, y el diario The Times se decidió a investigar un poco más. En la actualidad hay 46.000 granjas y establecimientos certificados y los inspectores de Red Tractor realizaron el año pasado 60.000 visitas para auditar establecimientos y granjas. De todas estas visitas, tan solo 50 fueron sin avisar, y por ello se ha criticado a la certificadora. Una de las recomendaciones de Chris Eliott en su informe sobre la crisis de la carne de caballo era que el sector alimentario confía demasiado en las auditorías, y que éstas deberían ser sin anunciar para que fueran más efectivas. Sin embargo, por la naturaleza de las empresas certificadas por Red Tractor, esta práctica es algo complicada de poner en marcha, dado que muchas de las empresas son pequeñas granjas, con una o dos personas a su cargo, y puede ser habitual que el auditor acuda a realizar una auditoría a la granja pero que granjero y animales estén en el campo de pasto, por ejemplo, y no se pueda entrar en la granja hasta que vuelva el granjero. Encarecer las auditorías también es un problema para la certificadora, que aboga por defender no solamente los productos de calidad, si no que los consumidores puedan permitírselos.

Naturalmente las imágenes del maltrato han tenido efecto en la opinión pública, y aunque se trate de un caso aislado, Red Tractor va a tener que tomar medidas para revisar su política de auditorías. Ellos mismos, para reforzar su credibilidad, aseguran que el año pasado dieron de baja 200 granjas que no cumplían con sus exigencias, y suspendieron 1.800 más. Entre sus ideas para reforzar el control de las granjas certificadas se encuentran proyectos como el poner sensores conectados a internet en las granjas para capturar información en tiempo real, utilizar sistemas de Blockchain para gestionar la información, mejorar la clasificación de las granjas en función del riesgo, y revisar su sistema de auditoría para mejorar la priorización de visitas.

Es un momento crucial ahora, porque con el Brexit hay mucha sensibilidad sobre cómo va a ser la legislación alimentaria en el futuro en este país, y si se va a seguir produciendo con tan alto nivel de calidad como hasta ahora. No hacerlo quebraría la confianza que tienen los británicos en que los alimentos que se producen localmente son de una calidad excelente.